Mi paso por Santa María
Aún recuerdo cuando entré a mi colegio. Me sentía lleno de energía y con ganas de pasar un tiempo inolvidable. Unos cuantos años después, me encuentro hoy dirigiéndome ante ustedes como presidente del Consejo Estudiantil del Colegio Santa Maria Marianistas, y habiendo crecido como persona desde la primera vez que pisé mi colegio. Me siento apenado de que mi estancia en este colegio haya terminado tan pronto. Sin embargo, detrás de esta experiencia, hubo 4 valores del carisma Marianista que me ayudaron a crecer como persona y a convertirme en quien soy hoy en día. Estos valores son el Espíritu de Fe y Oración, el Amor a María, el Espíritu de Misión y el Espíritu de Familia. Gracias a estos valores tengo un hogar dentro de una comunidad extensa de personas maravillosas, la familia Marianista.
Mi experiencia viviendo el carisma Marianista, así como el de muchos de mis compañeros, inició hace 7 años. En ese entonces recién había ingresado a mi tan querido Colegio Santa María, un colegio grande y amplio que en un primer lugar fue, de alguna forma, intimidante. Esto provocaba incertidumbre entre muchos de mis compañeros, incluido yo mismo. A pesar de ello, con el tiempo fui aprendiendo que siempre hay una luz al final del túnel que alumbraba mi camino y me guiaba hacia un mejor futuro. Esa luz era Dios, y a través del Espíritu de Fe y Oración pude superar mis adversidades. Si bien muchas veces me caí, nunca me rendí, ya que Dios fue quien me ayudó a levantarme y me guió por un camino mejor hasta alcanzar mis metas. Hoy en día me enorgullece tener la posibilidad, como presidente del Consejo Estudiantil, de poder ayudar a mis compañeros a que encuentren esa fuerza en sí mismos, a través de la oración y la fe, para cumplir cualquier objetivo que se propongan. Solo hace falta tener fe.
Habiendo escuchado más acerca de los valores de la vivencia Marianista, fuí introducido de manera más extensa a Maria, la madre de Jesús. Dentro de mi experiencia personal, fue confuso al principio. Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo me fui dando cuenta del rol maternal que tenía María hacia cada uno de nosotros. Era tan fundamental ese rol que Jesús nunca hubiera nacido si no fuera por el sacrificio que cometió María al dar a luz al hijo de Dios. Y eso es exactamente lo que María hace por cada uno de nosotros: sacrificarse y asegurarse de que estemos sanos y salvos. Por ello rezamos el rosario, damos ofrendas y practicamos el Amor a María dentro de nuestro colegio y nuestras vidas. La devoción a María es algo que traigo desde que ingresé a mi colegio, y me ha acompañado estos 7 años como alumno.
Después de haber aprendido la importancia de María en nuestras vidas, el siguiente paso era compartir la palabra de Dios con las personas que más lo necesitan. Gracias al programa de Aprendizaje Servicio que posee mi colegio, pude conocer la realidad de personas menos afortunadas que yo. Las injusticias que se vivían en algunas partes de nuestro país ameritaban una acción inmediata por parte de nosotros los alumnos. Es ahí donde yace el Espíritu de Misión, cuando uno acude al llamado de Dios para hacer lo correcto y ayudar al necesitado. Con ello aprendí que cualquier acto desinteresado de colaboración al prójimo, por más mínimo que sea, puede generar un impacto positivo en la sociedad. Hoy en día muchos de nosotros tomamos iniciativa para formar nuestros propios grupos de pastoral juvenil para seguir expandiendo el mensaje de amor de María.
Tras ya varios años dentro de mi querido colegio, algo que he aprendido a apreciar recientemente es el Espíritu de Familia. No se me malinterprete, siempre ha existido ese respeto mutuo hacia los compañeros y esa disposición especial hacia cada uno de nosotros por nuestro bienestar. Sin embargo, la pandemia fue lo que provocó ese cambio repentino dentro de mi forma de pensar. Me di cuenta que, a pesar de estar físicamente separados, todavía nos encontrábamos a disposición los unos a los otros. Siempre había alguien que estuviese ahí para apoyarme, lo que me hizo darme cuenta que no estábamos separados por la pandemia, sino que seguíamos unidos en espíritu. Con el pasar de los años nos hemos vuelto más unidos como promoción y como colegio, siempre ayudándonos mutuamente a ser mejores cada día. Estoy seguro que esta unión se mantendrá hasta después de salir del colegio, y que nos podremos mantener en constante apoyo por el resto de nuestras vidas, porque es en los momentos difíciles cuando te das cuenta de que la familia Marianista es una de las más unidas que uno puede tener. Por ello siempre estaré agradecido con mi colegio por haberme dado la oportunidad de formar parte de esta familia llena de maravillosas personas.
Después de muchos años de constante esfuerzo y dedicación, por fin ha llegado este momento. Estoy a menos de un año de poner fin a mi etapa escolar. Sin embargo, no estoy triste porque esta etapa haya terminado, pues estoy feliz de haber tenido la oportunidad de vivir los mejores años de mi vida dentro de este colegio. Desearía por un instante dirigirme ante ustedes y la comunidad Marianista, no como el presidente del Consejo Estudiantil, sino como un alumno más que le tocó vivir está etapa de su vida dentro de esta familia. Agradezco todo lo que me han dado y espero poder ser un ejemplo para futuros Marianistas que deseen seguir estos valores. Y sin más que decir les invito a recordar que por más que pase el tiempo, siempre tendrán un hogar dentro de la familia Marianista.
José Arturo Aguirre
Presidente del Consejo Estudiantil
Colegio Santa María Marianistas
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